El Vigía

42 cosas que he aprendido a los 42

Les aviso: hoy voy a hacer trampa. Luego de mi última columna, la cual escribí en carne viva, no se me ocurría un tema nuevo.

Hasta que me senté en el sofá de casa, tomando mate y pensando, o intentando pensar, producto de la resaca de fin de semana. No resaca de haber tomado, que lo haré en breve, sino de sentir el sabor agridulce de que este año cumplo un domingo.  ¿Hay algo que supere la monotonía de cumplir un domingo? ¿y en pandemia?

El número 40 tiene una significación especial, al menos en nuestras sociedades. Cuarenta fueron los días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su misión, cuarenta años pasó el pueblo judío peregrinando antes de llegar a la Tierra Prometida. Cuaresma y, por supuesto, cuarentena, son dos palabras que derivan de cuarenta. Cuarenta eran los ladrones del cuento.

Tal vez se deba a que en el entorno de 35-40 años se supone que llegamos a la mitad del camino de la vida, aquel que encontró perdido en el bosque a Dante antes de su visita guiada por Infierno, Purgatorio y Paraíso.

A lo largo de toda la obra de Onetti circula la idea de que a los 40 años toda persona ya es lo que construyó previamente, y no podrá ser más, sólo queda el lento trayecto a la decadencia y la muerte.

La de Onetti, por supuesto, es una visión cargada de pesimismo, de la que hizo la piedra fundamental de su literatura. Pero es innegable que algo de especial tienen los cuarenta años, o su entorno.

En mi caso concreto, a contrapelo de la opinión de nuestro más grande escritor, no noté ninguna diferencia entre los 39 y los 40, ni entre los 40 y los 41. Pero tuve una crisis de ‘’pre-cuarenta’’ entre los 37 y 38 años, que me llevaron incluso a tener la experiencia de vivir dos años en Buenos Aires.

Como verán, no soy ningún ejemplo de nada. Es más, harían mejor haciéndole caso a Onetti y su ética de la derrota, del fracaso. Pero dado que él escribe esta columna soy yo y no él (por una razón más que obvia) me tomo la libertad de ponerme la capa de Paulo Coelho (lo admito: preferiría la cuenta bancaria) y les comparto que 42 cosas he aprendido en estos 42 años:

1) Que 42 años son nada, apenas un soplo de vida; 2) que el futuro no está escrito ni determinado, pero sí condicionado por nosotros y por otros; 3) que no se puede vivir de recuerdos, porque es condenarse a vivir en un pasado permanente; 4) que nunca es tarde para estudiar o volver a estudiar; 5) que los hombres podemos ser sensibles y expresar nuestros sentimientos. Incluso sufrir por amor o desamor; 6) que el talento sin disciplina no basta; 7) que la disciplina sin talento es rutina; 8) que la sangre es fuerte; 9) que existen hermandades de la vida y pueden ser tan fuertes como las de sangre; 10) que los amigos son la familia que elegimos

11) que la felicidad está hecha de momentos; 12) que la risa es contagiosa; 13) que un cuerpo seduce, pero la inteligencia enamora; 14) que todos tenemos algún talento artístico; 15) que leer es hermoso; 16) que cada libro es un mundo, y cada biblioteca contiene el Universo; 17) que escribir es liberador, catártico; 18) que me apasiona escribir; 19) que sueño con vivir de la escritura; 20) que sé que es un sueño; 21) que tal vez nunca se cumplan, pero son la llama que precisamos para salir de la monotonía

22) Que sin trabajo y esfuerzo, nunca lograremos cumplirlos; 23) que dos personas pueden amarse y no estar juntas; 24) que es doloroso; 25) que los besos no dados y las noches sin dormir juntos son restas en la cuenta de la vida; 26) que a veces segundas partes sí pueden ser buenas, necesarias al menos; 27) que las diferencias pueden enriquecer, fortalecer una relación; 28) que es necesario hablar sobre las expectativas y proyectos, compartidos o no; 29) que sólo el sexo no basta, pero es muy  necesario; 30) que charlas por whatsapp son para malos entendidos; 31) que se puede ser amigo de una ex;

32) que en las redes sociales todos somos actores de nuestra propia vida; 33) que los roles de Género nos condicionan a mujeres y varones; 34) que por suerte hay mujeres que encaran; 35) que no hay nostalgia más linda que la de los abuelos; 36) que la música calma a las fieras y es el mejor remedio contra la tristeza; 37) que tendríamos que ser más y aparentar menos; 38) que casi nadie es profeta en su tierra; 39) que es absurdo pelearse por política; 40) que aunque duela, a veces es necesario poner distancia; 41) que si no tomo mate, se me hace cuesta arriba el día

42) Que todo esto puede estar equivocado, e indudablemente es opinable.

Por: Rodrigo Tisnes Gestor Cultural, Escritor

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