El Vigía

Amor en tiempos de Burbujas

De las barreras…

Sentís crujir la esclavitud mientras tus dientes rompen una galleta.

La encía se hincha con un estratégico golpe puntiagudo.

El día se pone gris y lluvioso, la parálisis sensorial aquieta al arcoíris;

Lo recordás mientras lo echabas de tu vida por indigno,

por no saber llorar tus crisis existenciales con nobleza,

y recordás la aletargada abstinencia de sus emblemas;

el desapego que te desgarró el páncreas.

Sus ojos miraban por un binocular pero no te veían a vos.

Salís afuera de la habitación, la humedad te regala la calma;

la velocidad de los insectos inquieta tus estados; y 

tus rodillas comienzan a crujir.

El hígado se hace víctima de tus depresiones…

Tus abortos son los vestuarios que descansan en olor a naftalina,

sabes que está rota pero su entraña no te duele

y secás sus lágrimas con la impotencia de quien no sabe rezar,

y te enfrentas a un Dios que tiene tu rostro, y hasta tu risa burlona,

y lloras en tu propio cementerio con un ramo de narcisos amarillos.

Llanto silencioso de quien va a su propio funeral,

de quien se descubre dentro de un singular panfleto ridículo

de quien se descubre dentro de la farsa de los modos de vida  

a quien le es arrebatado el papel protagónico de sus respiraciones

pero salís afuera y ahí está la noche… invitándote a Ser.

Por: Gina Silva

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