El Vigía

Día Mundial del Libro y el Derecho de Autor

En el marco de la celebración del Día Mundial del Libro y el Derecho de Autor la UNESCO conversó con el literato colombiano José Diego González, quien se desempeña actualmente como coordinador del Ecosistema del Libro en el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC).  

Desde hace cincuenta años el CERLALC ha impulsado el desarrollo de políticas públicas encaminadas a la consolidación de las industrias editoriales de la región y estudia el acontecer del sector editorial iberoamericano para tomarle el pulso, sin embargo, “tenemos una dificultad muy seria para contar con información actualizada y periódica: la reticencia del sector editorial para compartir información y la dificultad en algunos de los países para recolectar estadísticas de forma sistemática” comentó José Diego González. Actualmente la mayor fuente de datos con la que cuentan es el registro de ISBN que consolida la información de la producción de nuevos títulos, pero no existe una herramienta que permita saber sobre el consumo y las ventas.  

¿Cómo estaba el sector del libro antes de la pandemia y cómo está ahora?

Es una pregunta bien complicada. Primero habría que tener en cuenta la muy distinta situación de los países incluso antes de que llegase la pandemia. No es comparable la situación de países como México, Argentina, Colombia, Chile o Perú, con lo que era el sector editorial, por ejemplo, en los países centroamericanos. Aunque quisiéramos tener esa mirada regional hay que reconocer las diferencias entre los países y que cada uno ha tomado diferentes medidas para mitigar el impacto de la pandemia.  

Encontrábamos un sector muy tímido todavía en cuanto a la incursión a la transformación digital y de alguna manera la pandemia obligó al sector a una experimentación forzada. Hoy, por ejemplo, muchas librerías que no tenían un comercio electrónico tuvieron que hacerlo y están mucho más preparadas para atender también ese otro canal que tenían completamente desatendido. Ahí se generó un fenómeno que me parece interesante, aunque nos falta ver qué tanto se van a mantener en el mediano y largo plazo.  

Por otra parte, había editoriales que seguían produciendo sus novedades solo en impreso y frente a la situación se pusieron a analizar qué títulos podían pasar a digital para tener la oferta. Estamos en un entorno donde los consumos culturales están muy competidos y entre esos consumos está el libro. Yo creo que estas cuarentenas nos han mostrado que la gente va a buscar los libros y no le interesa tanto dónde lo encuentra, sino que lo que le interesa es encontrarlos y muchas veces el formato termina siendo indistinto para el lector. Entonces, lo importante del lado del editor y del lado de las librerías es tener esa oferta a disposición de los compradores.  

¿Qué tanto afectó la pandemia al sector editorial?

En general ha habido unas serias afectaciones a los ingresos del sector, eso es innegable, pero en muchos casos pueden ser menores de lo que se preveía en un comienzo. En marzo del año pasado, cuando todo esto empezó, las predicciones en general eran realmente catastróficas, aunque en algunos casos sí ha habido pérdidas grandes, de alguna manera no han sido tanto como se preveía en un comienzo.  

Por ejemplo, en el caso de México contamos con los datos del monitoreo que hace Nilsen de las ventas de libros impresos en librería, y reportan que al final del año pasado la reducción de las ventas a través de esos canales fue de alrededor del 20%, tanto en ejemplares como de facturación. Existe una diferencia entre lo que sucedió en países como España, Italia o Reino Unido donde, aunque las ventas tuvieron una caída muy fuerte durante los primeros tres meses, después la recuperación fue rápida, llegando a tener cifras finales positivas en comparación al 2019. En cambio, en países como México, aunque las ventas mensuales al inicio no cayeron tanto, la recuperación ha sido lenta y se estima que esto debe tener relación con el impacto económico y el nivel de ingresos en los países latinoamericanos.  

Con respecto a la producción editorial de nuevos títulos, lo que hemos visto es que entre marzo y julio 2020 hubo una disminución en la solicitud de ISBN con respecto a lo que se estaba solicitando en los mismos meses en los dos años anteriores, así como en los ejemplares que se señalaban que se iban a producir. Después se empieza a ver una recuperación y al final el balance ha sido que se terminaron solicitando los mismos ISBN y produciendo casi que los mismos ejemplares. Lo que muestra que no necesariamente la pandemia se tradujo en una reducción en la producción como se hubiera podido pensar al inicio del 2020.  

¿Cuáles han sido algunas respuestas a la crisis por parte de los gobiernos en América Latina?

En muchos casos lo primero que se hizo, y que responde a la carencia de datos, fue tratar de hacer censos, para tener claridad de cómo está compuesto el tejido librero en sus países y a partir de ahí comenzar a tomar decisiones.  

Se puede subrayar la respuesta de Chile a través de reorientar sus fondos de estímulo al sector editorial. En Perú destacamos las compras públicas para dotaciones de bibliotecas que hacía muchos años no se hacían en esa magnitud. Y no solo se compraron libros físicos sino también libros en formato digital. En Argentina también hubo una respuesta interesante, se encontró la forma de mantener, la compra para las bibliotecas comunitarias a través del programa “Libro%” y dispuso apoyos al empleo que, aunque fueron generales, benefició al sector editorial con subsidio a las nóminas. Este tipo de respuestas han sido fundamentales para que esa pérdida que se pronosticaba tan grave se haya mitigado un poco. 

¿Cuáles son las recomendaciones que hace el CERLALC al sector editorial para su recuperación?

Hay una necesidad muy seria de que los distintos actores cuenten con una visión que les permita comprender y compaginar lo impreso con lo digital. Aprender a gestionar la multiplicidad de canales. Hay una necesidad de aprender a interactuar más directamente con los consumidores, con los lectores y que las editoriales y las librerías desarrollen estrategias para la gestión de comunidades de usuarios.  

Hay una deuda pendiente que requiere de una respuesta tanto por parte de del sector, como apoyo gubernamental, que es la sistematización e integración informacional de los actores de la cadena de valor del libro, es decir, es necesario que se establezcan protocolos para el intercambio de información, que se estandarice la documentación comercial y sobre todo que haya una comunicación mucho más sistematizada.  

Es necesario cualificar las prácticas para gestionar la complejidad de la hibridación de estar entre lo impreso y lo digital. Cualificaciones, por ejemplo, en nuevos modelos de negocio, gestión de metadatos, mercadeo digital y gestión de audiencias. Que tanto las librerías como las editoriales continúen avanzando en la reconversión del sector hacia lo digital.  

Asegurar la presencia de las librerías en línea es una cuestión fundamental, pero no necesariamente a título individual, desarrollando su página web y su propia tienda en línea, sino que puede ser que la solución sea el desarrollo de plataformas colectivas donde varias librerías se asocien y tengan una única tienda.  

Fuente: Unesco.org

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