El Vigía

Educación y pandemia: presencialidad insegura

La Educación es presencial o no es, tal cuál lo ha venido a demostrar esta pandemia. Si bien, gracias a la revolución de CEIBAL y de ANTEL, hemos ido incorporando en estos últimos años un conjunto muy valioso de herramientas informáticas y mayor conectividad, nada sustituye al vínculo en el aula. La Educación es esencialmente una relación humana y social en dónde lo habitual y sistemático del vínculo es su base fundamental. En el fenómeno educativo no solamente se da una transferencia de conocimientos sino que se recrean hábitos, se socializa, se hacen circular valores, hay buenos y malos momentos grupales, se interactúa con personas diferentes, una riqueza invalorable. La virtualidad bien puede ser una herramienta de contingencia o de apoyo pero aún no tenemos evidencia de que logre sustituir a la presencialidad.


Ya tenemos un viejo drama en nuestro sistema educativo, que no es de ahora, que hace que él no esté del todo a tono con la sociedad actual ni con el adolescente actual, y junto con múltiples factores que no nos detendremos a examinar hoy, provocan que miles de jóvenes-en especial los de contextos sociales desfavorables-no culminen ni siquiera el Ciclo Básico. Son jóvenes que año a año vamos perdiendo del sistema, un sistema que ha hecho esfuerzos pero que aún no logra retenerlos. En el mundo despiadado y del conocimiento que ya estamos viviendo, esto es una tragedia de costos difícilmente cuantificables.


Cualquiera podría estar de acuerdo con aquella frase del GACH: “las escuelas deben ser lo último en cerrar y lo primero en abrir”. Pero a esa frase hay que relacionarla con todo el material científico producido por el GACH que el gobierno de Lacalle Pou ignoró. Este gobierno usó el sistema educativo como la única variable de ajuste, provocando un daño aún más profundo de los que ya habían. De esa forma, sobre la idea de la primacía de la Educación, el gobierno decide abrir todas las escuelas primarias en el pico máximo de la pandemia hasta el momento.


Así como los científicos-y la experiencia internacional- han advertido que no es buena cosa jugarse solamente a la vacunación y que ésta debe ir acompañada de otras medidas, también un sinfín de países de diverso signo político han cerrado sus sistemas educativos por algunos meses. Nadie lo desea, pero a veces hay que hacerlo. Uno no logra entender cómo se cerraron escuelas en momentos donde el virus aún no hacía estos estragos y cómo se abren ahora las cuando el virus es cada vez un azote mayor para la sociedad. Para abrir escuelas y liceos de forma medianamente segura es necesario que se tomen otras medidas en el mundo adulto, que hoy brillan por su ausencia. Hoy hacemos casi vida normal, pero usando mascarillas.


Los centros educativos sí son espacios de circulación de virus, mueven miles de personas, muchas de ellas viajeros habituales en ómnibus, otro tanto de personas que entran y salen por diversos trámites, niños y adolescentes que provienen todos de centros de interacción familiares importantes y sobre los que no tenemos control. Las cifras hablan de un número relativamente moderado de contagios en centros de estudio, pero ¿no incidirá allí el hecho de que las escuelas y liceos el año pasado funcionaron sobre otro escenario y no sobre el actual? Si los contagios son intra-familiares, ¿dónde se contagian esos miembros de las familias? ¿Se le puede dar tranquilidad a los padres hoy?.
Este virus es un virus real y serio, de consecuencias muy variadas según cada individuo. Hay que sumarle que las cepas circulantes son cada vez más contagiosas y de mayor propagación.


Aún asumiendo que fuera buena idea reabrir los centros educativos en medio de una pandemia que mata 60 orientales por día, las condiciones de esa presencialidad no serían las mejores. Contrariamente de lo que dijo el Presidente a Blanca Rodríguez, en las aulas de los Liceos, por ejemplo, sí hay aforos, sí hay documentos oficiales de su gobierno que marcan muy bien qué hacer y cómo hacerlo en el contexto de la pandemia. Un solo ejemplo: hay grupos de 35 estudiantes y salones con aforo máximo de 14, ¿Cómo se hace? Se fragmenta el grupo y el horario, perdiendo notoriamente calidad educativa y clima de clase. En algunos casos habrá grupos que solamente tendrán un tercio de las horas que podrían tener por semana. Además habrán semanalmente varios funcionarios docentes y no docentes en cuarentena, o directamente positivos, así como grupos enteros-como ya está ocurriendo-lo que reportará aún menos horas de clase. De normal, nada.

El Presidente debería haber hablado con el Dr. Robert Silva y él le podría haber contado sobre los varios protocolos que la ANEP ha desarrollado en este año. Pero prefirió su habitual tono desenfadado y verborragia que valerse de datos reales.
En suma, si no hay medidas serias que contengan la circulación del virus fuera de las escuelas y liceos, éstos no van a ser lugares seguros. Claro que, mal que nos pese, hay que acostumbrarse a gestionar riesgos, como dijo Robert Silva. La diferencia es que hay riesgos que se pueden reducir, hay evidencia, y no hablamos de cualquier riesgo, sino de la vida de nuestras familias.


Este gobierno no solo no ha invertido un solo centavo en nuevas infraestructuras o cargos, sino que ha recortado cientos de instrumentos necesarios para que los niños y adolescentes estén medianamente seguros. Es una trampa decir que la “Escuela es el lugar más seguro”. Si lo es, es por la dedicación de trabajadores que hacen todo lo posible por mantener las condiciones mínimas. Pero que nadie crea que están dadas las condiciones para una presencialidad segura en medio de un ajuste. Para ello debiera haberse invertido más y mejor, luego de un año de experiencia en pandemia, deberían de haberse tomado medidas en el mundo adulto para blindar a los niños. Pero ocurrió al revés, hoy los niños, docentes, funcionarios y familias son arrojados a las aulas en el peor momento, porque era más barato cerrar escuelas que gastar dinero en subsidios momentáneos o medidas que ayuden a esa gente a la que no le es fácil “quedarse en casa”. Nadie desea más la vuelta a clases que quienes nos dedicamos a la Educación, pero a no engañarnos.


Este gobierno será recordado como el gobierno que mantuvo su ajuste fiscal regresivo frente a la pandemia más grande en lo que va del siglo y el que desconoció las herramientas de la Ciencia para evitar calamidades bien evitables. Sí, evitables.-

Por: Mauro Mego

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