El Vigía

Hasta siempre Lord Stone

Los Rolling Stones hace muchos años han asegurado su inmortalidad en el Olimpo de la Música. Es más, son un ícono, solamente superados por los Beatles, de la cultura popular de mediados de los años 60′ del siglo pasado en adelante.

Desde sus inicios la banda y sus integrantes cultivaron una imagen provocadora, repleta de excesos (algunos exagerados por ellos mismos) polémicas, problemas con la ley, desenfreno sexual y consumo abusivo de sustancias de todo tipo. No en vano se presentaban a sí mismos como “Sus majestades satánicas”, nombre del 6o álbum de la banda (del año 67) y un año después lanzaron uno de los mayores himnos (me pongo de pie) del rock’n roll: “Sympathy for the Devil”, una canción de música sensual y morbosa, en la que Mick Jagger toma el rol del mismísimo Lucifer, presentándose ante quienes lo escuchan.

Con éste panorama resulta increíble que lleven 59 años de carrera musical, se hayan convertido en abuelos, y solamente uno de sus integrantes, el malogrado Brian Jones, haya fallecido antes de llegar a los 30 años.

Del resto, el bajista Bill Wayman hace mucho tiempo decidió que ya no estaba para todo eso de sexo, drogas y rock, y se bajo de la banda. Mick Jagger se sigue moviendo como si llevara al diablo adentro, aunque ha dejado las noches de desenfreno, por un riguroso calendario de entrenamiento. Keith Richards sigue teniendo ese aire de bucanero pendenciero al que le dieron una guitarra y se animó a tocar, y seguramente siga desayunando con vodka. Sin lugar a dudas es el más stones de los stones. Ron Wood es el joven de la banda a sus 74 años.

Y nos queda Charlie Watts. El baterista. El hombre que desde el fondo armaba la base sonora de la mayor banda de rock de todos los tiempos (con perdón de los Beatles) con esa pasmosa tranquilidad que irradiaba su semi-sonrisa permanente. Parecía que a veces tocaba hasta con desgano, sin ningún esfuerzo. En épocas de bateristas showman, con despliegues de saltos, acrobacias y golpes que parecen querer destrozar su instrumento, Watts era exactamente lo puesto: economizaba movimientos y esfuerzos, facilitaba el sonido, dejaba que todo fluyera en pos del lucimiento de otros.

Era el tranquilo de la banda, no sólo arriba de los escenarios. Casado en 1964, nunca participó de las famosas orgías de alcohol y sexo, ni se aprovechó del ejército de más que dispuestas groupies que siempre estaban al golpe de la tentación. En los años 80, tuvo un peligrosos acercamiento al alcohol, que afortunadamente pudo superar después de 3 años, con ayuda de su compañera.

Si se lo compara con Richards, cuya dentadura debió ser cambiada por completo debido a su adicción a la heroína, o Wyman, quien en un año recordaba haberse acostado con 230 mujeres distintas, Watts parece la vesrión en carne y hueso de Ned Flanders.

En 2004 había superado un cáncer de garganta diagnosticado a tiempo. Pero ayer, justo cuando en este punto al sur del mapa nos aprontábamos para la Nostalgia, nos enteramos que falleció a los 80 años, en un hospital de Londres.

Por una vez, fue el centro de atención, y con total justicia el mundo de la música lloró el deceso de uno de los bateristas más emblemáticos de la historia del rock, y le rindieron sentidos reconocimientos.

De aquella banda de forajidos, y pese a que Jagger sea el único con titulo de “Sir”, Watts era el único que llegaba a lord.

Por: Rodrigo Tisnes, Gestor Cultural, Escritor

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.