El Vigía

La decadencia de Vargas Llosa

En la novela ‘’Diario de la guerra del cerdo’’  Bioy Casares presenta a un personaje, un veterano, que reflexionando sobre su vida llega a la conclusión que, sin importar lo que pase, en determinado momento de la vida solo hay una forma de recuperar el prestigio perdido: morirse.

Por supuesto, hay que tomar la frase con ese humor irónico y corrosivo, pero sutil, que Bioy sabía usar tan bien.

Tengo una teoría, sin ninguna prueba pero también sin ninguna duda, sobre la existencia de dos Vargas Llosa. Uno de ellos es el reconocido escritor: un tipo de un talento descomunal, el joven brillante, protagonista principalísimo de la generación del ‘’Boom’’, el que urde con prosa exuberante historias colosales repletas de sentido y humor. En éste Vargas anida aun aquel Varguitas a quien le resultaba insoportable ser otra cosa en la vida que no fuera ser escritor, y para el que resultaba evidente que la única forma de lograrlo era ‘’entregándose a la literatura en cuerpo y alma’’.

Y luego está el otro Vargas Llosa: el hombre público, el reconocido intelectual, ese que no se guarda sus opiniones políticas y sociales.

Éste segundo Vargas es el que me parece hace años comenzó un proceso inexorable y meteórico hacia la decadencia. No sabría identificar o señalar precisamente el momento en que comenzó, pero si tomamos en cuenta que en el año 2010, a sus 74 años, recibió el Premio Nobel de Literatura, el proceso comenzó luego de obtener éste, el mayor galardón de las letras mundiales.

Es un proceso en el cual la literatura, esa pasión abrasadora a la que estaba decidido a entregarse en cuerpo y alma (y a la que se entregó en cuerpo y alma durante más de cuarenta años) se convirtió en una actividad secundaria: ya no quema tanto la pasión y el deseo, la líbido, de alguna forma, está menos volcada a la actividad literaria concreta, y está más enfocada en los oropeles: las fiestas y banquetes, las fotos y entrevistas, las firmas de ejemplares, las presentaciones magistrales ante tribunas abarrotadas de adoradores (y aduladores)

De esta forma el intelectual de pensamiento afilado y pluma ágil, el otrora pensador liberal, se ha ido transformando en un viejo conservador, y sólo el prestigio que aun mantiene –gracias a su literatura- permite que eso dato permanezca relativamente invisibilizado.

Si para muestra basta un botón, bastaría recordar su penosa participación  el año pasado, como uno de los signatarios de una carta abierta que apuntaba sus críticas directamente hacia los gobiernos de Argentina y España, por las medidas de cuarentena obligatoria que habían tomado. Medidas que en aquel momento muchos otros gobiernos, de distinto signo ideológico que el argentino y el español, también habían tomado.

Pero hay un ejemplo más reciente y todavía más claro: su posicionamiento a favor de la candidatura de Keiko Fujimori en Perú, como una suerte de ‘’mal menor’’ frente al izquierdista Pedro Castillo.  Es sus habituales columnas políticas, Vargas Llosa no solo fijó posición a favor de la candidata, sino que escribió panfletos en contra de Castillo, que son un ejemplo del esclerosamiento mental del que adolece desde hace un tiempo el otrora formidable.

Por supuesto que puede considerar a Keiko una opción menos mala que Castillo, en unas elecciones tan reñidas como estas presidenciales, pero llama la atención semejante adhesión a una candidata a la que en las dos o tres elecciones anteriores, él mismo no dudó en criticar duramente por sus cuestionables convicciones democráticas y hechos de corrupción.

Para ir terminando, no quiero dejar de mencionar, en este recorrido, su separación y divorcio de Patricia Llosa, su compañera de vida por 50 años y madre de sus hijos, a quien dejó para comenzar una relación con una ex reina de belleza de España (y ex de Julio Iglesias) pasando así a ser foco permanente de paparazzis y comidilla de las revistas del corazón y chismes.

Es su vida privada y libre de hacer lo que quiera. Si ya no amaba más a su esposa, o si se enamoró/deslumbró de su nueva pareja, es algo que concierne sólo a los involucrados. Claro que, cuando esas decisiones pasan del ámbito privado a ser una exposición permanente en los medios de prensa, ellos mismos están convirtiendo lo privado en público. O sea: frivolizándolo.

Volviendo a la frase de Bioy, por cierto no pretendo que Vargas Llosa fallezca pronto. Por el contrario, le deseo que goce de buena salud y pueda seguir escribiendo muchos años más. Deseo que se concentre en la escritura. Porque en definitiva, como le dijo alguna vez la misma Patricia: ‘’lo único para lo que vales, es para escribir’’.

¡Y vaya si lo vale!

Por: Rodrigo Tisnes Escritor, Gestor Cultural

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.