El Vigía

La Rocha que no conociste…

Los barberos sangradores:
Surgidos durante la Edad Media, los llamados “barberos sangradores”, tuvieron una participación destacada en cuanto a la atención de la salud de la época.
Criticados y despreciados en un primer momento como todos los múltiples operadores que participaban del sector llamado “empírico”, (frente al mundo de los médicos y cirujanos que ostentaban un diploma), fueron adquiriendo mayor reconocimiento con el paso del tiempo.
Ayudó en ello la consideración, por entonces de la “sangría” como un tratamiento terapéutico de relevancia, y para los cuales estos barberos, habituales manejadores de instrumentos cortantes afiladísimos, aparecían como especialmente preparados.


Con el inicio a gran escala de los viajes interoceánicos, los barberos al igual que otros protagonistas del área de la salud, se fueron incorporando con tareas bien específicas a la Armada y de esta forma llegaron a América.
Sobre fines del siglo XIX encontramos en la ciudad de Rocha la presencia de varios Barberos que se dedicaban, en mayor o menor forma, a estas tareas.
En lo referente a la atención bucal de los rochenses, la acción de los barberos estaba destinada como es de suponerse , simplemente a calmar el dolor , a través de la extracción de piezas, la remoción de raíces y alguna práctica para reducir flemones e inflamaciones.


En cuanto a las sangrías, estas eran efectuadas exclusivamente con sanguijuelas, dejando de lado otras prácticas más cruentas.
Su uso, buscaba de acuerdo a las terapias de la época, calmar el dolor, aliviar las inflamaciones así como toda una gama de efectos supuestamente beneficiosos para la salud.
Otro tanto pasaba con las ventosas, práctica muy antigua recomendada habitualmente por la medicina de entonces, con el objeto de buscar una reacción en diversos lugares del cuerpo por efecto de una acción de “vacío” que descongestionaba. Era habitual, que la gente acudiera a casa de estos Barberos, para acceder a una atención más rápida, sencilla y barata.


Tal vez el caso más significativo en el plano local fue el de Don Eusebio Aranguren.
Afincado tempranamente en Rocha, tuvo luego algunas experiencias en Montevideo, regresando al poco tiempo poseedor del título de “Flebótomo”.


Según su propaganda, aparecía como el único técnico aprobado por el Consejo de Higiene.
Tenía su tienda en la actual calle 19 de abril entre 18 de julio y Gral. Artigas.
Pegado a ella, sus hermanas, “las señoritas Aranguren”, fundaron un Colegio para niñas en el año 1888, y fueron las primeras en dictar clases de francés en esta ciudad.

Por: Néstor Sabatino Dossi

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