El Vigía

La Rocha que no conociste…

Cuando Emilio Reus anduvo entre nosotros:
Puede resultar interesante saber por parte de los rochenses, que el primer Banco establecido en su ciudad no fue como se suele creer, el Banco de la República Oriental del Uruguay.
En efecto, poco tiempo después de su creación (1887), llegaba a esta Villa el Banco Nacional, alojándose sobre la actual esquina de 25 de agosto y Gral Artigas en un pequeño local sobre esta última arteria. Establecido por Ley durante el gobierno del Gral. Máximo Tajes, fue un emprendimiento público – privado, fundado en sociedad con el famoso y legendario empresario español Emilio Reus.

Había nacido en un turbulento proceso, donde a partir de un momento de gran expansión económica, se fue desarrollando toda una “burbuja” financiera alimentada por el flujo de capitales argentinos y manejada por Reus.
De esa forma llega a Rocha esa institución donde permanecerá hasta 1890.
Operaba a dos niveles: la parte comercial y un sector inmobiliario; este último alentó en todo el País un significativo ciclo de especulación con bienes raíces, en base a una desenfrenada emisión. Todo culmina en ese año (1890) cuando fulminantes “corridas”, llevan al Banco Nacional a una estrepitosa quiebra.
Mucho habría para decir de Emilio Reus, pero apenas vayan estos pequeños detalles de su proficua vida:
Nació y vivió en Madrid hasta los 27 años.

Allí ejerció como abogado y catedrático, además de integrante de las Cortes como diputado.-
Cultivó por entonces gran amistad con la Reina de España Isabel II, lo que le permitió entrar en contacto con lo más importante del mundo empresarial de la época.
En 1885 llegó a Buenos Aires, actuando en el periodismo y en asuntos de la economía, para pasar luego a Montevideo. Allí desarrolló una labor sin descanso, dedicándose en un primer momento a la adquisición de tierras y levantamientos de barrios residenciales.
La emprendió al mismo tiempo con proyectos en Perú para establecer líneas de ferrocarril, más otros aventurados proyectos en Brasil y Paraguay.

Demostró su interés en realizar la mensura catastral del territorio y el plano general de la República con el registro gráfico de las propiedades particulares, tarea que pudo hacerse recién cincuenta años más tarde.
Desarrolló el emprendimiento de un “Hotel de Baños” con aguas climatizadas extraídas de la bahía, que nunca funcionó, pero allí está todavía el imponente edificio en cuatro niveles donde funcionó por años parte de la Universidad de la República.
Culminó su actuación con el arriesgado proyecto del Banco Nacional, donde pareció alcanzar la cúspide de su carrera de financista y operador comercial.


Casi todos los historiadores hablan de la “época Reus”, y en especial el reputado J. M. Fernández Saldaña, quien califica al personaje como “rápido, elocuente, múltiple, rotundo”, así como poseedor de “un optimismo meridional”.
Lo cierto es que por encima de sus logros y fracasos, Emilio Reus en su pasaje por nuestras tierras “…había formado hombres, capitales, comercios, industrias, pero por sobre todas las cosas supo sacudir el adormecimiento habitual del espíritu público oriental”.

Lo más notable es que luego de esta exuberante carrera, murió en la más absoluta pobreza cuando solo tenía 32 años!!
De Emilio Reus y el Banco Nacional, de tan lejana con efímera existencia en nuestra Villa, nos queda algún recuerdo que aparece a la luz del tiempo como una simple anécdota.
Por entonces, sin la posibilidad de contar con un local o edificio sólido, portentoso y seguro, el símbolo de la “fortaleza” de una institución bancaria en el interior, estaba dado por la “Caja Fuerte”; es decir allí donde se depositaría a buen resguardo el dinero de los clientes quienes la tenían “a la vista”.
No podría haber mejor imagen de la decadencia y fracaso de un emprendimiento que aquellas “hermosas cajas de fierro”, que fueron sucumbiendo lenta y penosamente en las salitrosas arenas de La Paloma.
Algo de eso nos ilustra esta crónica:

“Expuestas a la intemperie se encuentran sobre la costa en el Puerto de la Paloma las dos
hermosas cajas de fierro que pertenecían a la sucursal del Banco Nacional establecida en esta Villa”.
“No habiéndose podido aún embarcarse en el Vapor “Flores” para ser conducidas a la Capital a causa de su peso y dimensiones, han sido abandonadas allí, casi tapadas por la arena”.
“Pronto serán inservibles”.


“Más de lamentarse aún es la eminente pérdida, si se considera que bien podrían ser destinadas a alguna de las reparticiones públicas, las cuales hubiesen ganado mucho con la adquisición”.-
“Aún es tiempo de alguna gestión al respecto”.
(La Ley, 24 de marzo de 1893)

Por: Néstor Sabatino Dossi

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