El Vigía

La Rocha que no conociste

Los rochenses y la bicicleta.

Desde mucho tiempo se vino conmemorando en los 19 de abril, el Día Mundial de la Bicicleta. Un par de años atrás, Naciones Unidas decidió establecer nueva fecha señalando para ello el 3 de junio de cada año.
Independientemente de ello nada impide que repasemos en algo, la vinculación del rochense con este tan peculiar modo de transporte.
Fue por aquellos turbulentos y difíciles tiempos del año 1896, que el propio Jefe Político y Comandante Militar trajo la suya; en realidad la primera que existió en la ciudad. De todos modos aunque mucho empeño puso en la tarea, nunca aprendió a manejarla, y cansado de esfuerzos y bromas, decidió venderla a través de una rifa.

Muy poco después unos intrépidos ciclistas arriban a Rocha en un raid de aventuras que unió a Montevideo con nuestra capital. Así lo consignaba la prensa:
“Ayer a las nueve llegaron a esta ciudad provenientes de Montevideo y con distintas estaciones intermedias los jóvenes bicicletistas Vila, Duay y Atay. Ha sido una novedad para muchos que no conocían las < máquinas voladoras>”
Ellos fueron los primeros que despertaron el interés y el entusiasmo de nuestros jóvenes. A partir de acá, muchos de ellos rogaron: – Papá, quiero una bicicleta!
Eran jóvenes de familias pudientes, que estaban en condiciones de hacer esta inversión en máquinas caras, europeas, sofisticadas.
Se reunieron unas cuantas; pronto en las calles céntricas la muchachada se reunía a practicar compitiendo entre ellos y ocasionalmente compartiéndolas con sus amigos.
La ciudad se aprestaba a entrar en el siglo XX y estaba dispuesta a celebrar una fecha tan especial con grandes festejos. No obstante, el tiempo no colaboró y el 31 de diciembre de 1900 y los días siguientes, llovió copiosamente. En los próximos días se dispuso llevar a cabo el programa previsto y allí se incluían – entre globos, juegos populares, carreras de sortijas, carreras de embolsados, cohetería, discursos y ceremonias – unas carreras de bicicletas.

Las circunstancias hicieron que increíblemente, los precoces ciclistas hicieran sentir su disconformidad y susceptibilidad. Reunida en una especie de “gremio de ciclistas”, y con el protagonismo principal entre otros, de cuatro de los hermanos Pagola y tres de los hermanos Virginio, fundamentan su negativa a intervenir, en base a dos puntos:
a) que el camino en el ámbito de la Plaza 25 de Agosto, no se presta para carreras, y que solo aceptarían correr en la calle Gral Artigas entre Maldonado y Don Carlos.-
b) que a los ciclistas se los ha tomado por “muchachos”, incluyéndolos en la sección de “juegos populares”, entreverados con los rompecabezas, la sartén, las carreras de embolsados, etc.
Recordar que por entonces los festejos formales, banda, discursos, banderas, se desarrollaban en la Plaza Independencia, y las demás actividades, generalmente en la tarde, se hacían en la Plaza “25 de agosto”, (hoy Lapeyre)

Hasta ahora la bicicleta no pasaba de ser un simple “juguete” para la diversión y el esparcimiento al aire libre. Era un fenómeno céntrico, de las clases más pudientes y exclusivamente masculino.
No pasaría mucho tiempo en que la bicicleta fuera conquistando nuevos protagonistas.
La gente fue viendo en ella, ya no un divertimento, sino un real y ventajoso medio de transporte. Decenas de obreros, empleados, trabajadores de todo tipo, con una entrada más o menos constante, decidieron hacer el esfuerzo de comprarse una. Fue creciendo una necesidad y comodidad de un elemento ágil, y económico, un aliado para su labor diaria.
El cuadro se completa cuando a este movimiento se une la mujer.Y se debe decir que el fenómeno se desarrolla con rapidez y entusiasmo.
Con la bicicleta la mujer adquiere una mayor independencia:
No necesita de alguien que la acompañe; puede andar sola.
El vehículo se adapta a su condición y a su vestimenta.
Facilita enormemente su forma de vincularse y desarrollar otros trabajos lejos de su casa.
La bicicleta es un arma de trabajo.

En las postrimerías de la década del treinta, la bicicleta se convertirá en el segundo deporte de la ciudad, con el ciclismo deportivo.

El entusiasmo por la competición vendrá de la mano de la Vuelta Ciclista del Uruguay, que habiendo comenzado en 1939, luego de diversos problemas e interrupciones, se consolida en los años cuarenta. La radio con sus trasmisiones, será el gran difusor llevando a todos lados la costumbre de las carreras por etapas.
El uso de la bicicleta implicaba una acción física que por entonces se veía como “un esfuerzo”. Tímidamente fueron apareciendo pequeños motores que se montaban a ella, para facilitar el traslado. Al mismo tiempo en un mayor grado de recursos, la motocicleta es lo que asoma como el gran competidor.
Los nuevos tiempos dejan a la bicicleta como el último bastión de las clases más desposeídas a la hora de procurase una forma de transporte.


Por último las vueltas de las modas y los paradigmas de la sociedad moderna, han puesto a la bicicleta como un sinónimo de esparcimiento nuevamente. A través del esfuerzo físico que implica, recibe creciente número de adeptos que la relacionan con la salud, el paseo al aire libre, la expresión de una costumbre saludable y placentera. Con nuevas tecnologías y novedades, nadie duda que hay bicicleta para rato..

(Las fotos son valioso aporte de Eduardo Saldáin, Dante Eguía, Fabian Ortega, Jorge Acevedo y Portal Rocha Antiguo)

Por: Néstor Sabatino Dossi

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