El Vigía

Organizaciones, visiones y entornos personales en las victorias y derrotas.

La derrota electoral de la izquierda no trajo mayor claridad para analizar, sino en muchos casos agudizó errores que ya se venían cometiendo. Una de los elementos lesivos para el desarrollo de las fuerzas de izquierda o, para ser más Amplios, del campo progresista fueron las dificultades que en muchos sectores de la sociedad se tuvo para ver los
cambios en perspectiva histórica de avance y para ver la realidad desde un ángulo más abarcativo que nuestra rutina diaria Así, por ejemplo, quiénes militamos vimos la realidad en el encuadre de nuestra vida cotidiana, dialogando con nuestros compañeros y embarcados en una tarea política concreta y quiénes pertenecen a un rubro de la vida
social también vieron la realidad desde las demandas y condiciones del entorno social o laboral en el que se movían.

Es algo natural, ciertamente. Por eso tuvimos, por ejemplo, sectores sociales que no tuvieron la perspectiva necesaria para valorar los avances obtenidos como también tuvimos organizaciones políticas encapsuladas en la lógica
exitista de la gestión o de la prédica entre los “convencidos”. No se trata de la autoflagelación como recurso, se trata de valorar estos hechos ahora que estamos del otro lado del campo político y en busca de recuperar la iniciativa para así recuperar el gobierno.
Si bien es cierto que las organizaciones o partidos políticos deben interpretar el tiempo en que viven, cierto es también que se los necesita fuertes y organizados.

El primer vínculo que nos une con un partido político es la coincidencia con sus objetivos y sus preceptos ideológicos. Decidimos integrar una colectividad porque nos identificamos con su lectura de la realidad y con los objetivos que ésta se propone para la comunidad. Los partidos políticos no son clubes de amigos ni están regidos por esas reglas, por lo que su funcionamiento orgánico es vital para seguir siendo una herramienta útil. Si algo nos enseñó ejercer el gobierno, es que una cosa es gobernar y otra cosa es conducir una fuerza política.

Deben estar separados sus objetivos y, porqué no, también sus miembros.
¿Qué pasa cuándo se confunden ambos espacios a tal punto que quiénes conducen las organizaciones o integran sus organismos son parte también de un gobierno? Es evidente que la visión se reduce, se estrecha, se acorta. Y no es por la mala voluntad de las personas sino por una regla general que se suele cumplir siempre: los “dramas” de la gestión cotidiana del gobierno se meten indefectiblemente dentro de los espacios político partidarios. De esa forma es muy complejo obtener de las organizaciones políticas visiones más amplias y representativas de la realidad, que se vuelven vitales cuándo se ejerce el gobierno, si es que se pretende sobrevivir a él.

Dicho de un modo más crudo: no todos los compañeros y compañeras que ejercen espacios de gestión de gobierno
necesariamente se traducen en compañeros idóneos para el análisis y la conducción política.

Por eso es necesario separar los espacios y sobre todo fortalecer los organismos de conducción de las fuerzas políticas.
Bajo ningún concepto podemos reducir la derrota electoral solamente a esto. Pero sí debe ser un aprendizaje a aplicar más que nunca ahora que estamos en la oposición, donde más conducción política se necesita y donde nadie sobra, donde todas las visiones que integran las organizaciones construyen una idea plural y rica de la realidad.

Cuando solamente se imponen criterios de los “núcleos duros” la herramienta se vuelve estéril y cuando se tropieza, analizar las causas resulta casi imposible. Tanto en los análisis políticos como en otros aspectos, las organizaciones políticas democráticas no pueden darse el lujo de excluir visiones, por supuesto que dentro del marco ideológico y político en que se inscribe el organismo. Porque en última instancia todos los que integramos organizaciones o partidos políticos no dejamos de ser individuos, marcados por historias de vida, trayectorias, prejuicios, amores y odios. ¿Hasta que punto uno puede abstraerse de todo eso al momento de interactuar en partidos políticos? ¿Cómo se reducen los efectos de nuestras herencias individuales? Se reducen con conducción política colectiva,
que nunca debe ser para afirmar solamente mi visión y someter la de mis compañeros, sino por el contrarios Someternos todos a la crítica y al análisis pero bajo el horizonte inmediato de la resolución y la acción. Dicho de otro modo, la conducción debe en última instancia traducirse en hechos.
Hay riesgos que padecimos y que aún padecemos. Las visiones parciales de la realidad, marcadas por el entorno dónde nos movemos fueron y son un escollo. Cuando el Frente Amplio era gobierno-Nacional y Departamental-todos ensayábamos análisis y diagnósticos sobre qué había que hacer para mejorar, qué era lo que estaba mal, quién
era más o menos responsable, qué había que cambiar, qué había que seguir haciendo y así.

Lamentablemente todos éramos presos de nuestro entorno, de nuestra visión individual y parcial. Por supuesto que no se invalidan estas visiones, pero no alcanzan. No podemos concluir sentencias generales en función de visiones tan estrechas, tan ligadas a nuestras percepciones y hasta a nuestros prejuicios. Algo similar ocurre ahora con la derrota, sus causas y los caminos para volver a la victoria. Todos ensayamos análisis en dónde las causas de la derrota las ponemos aquí o allá, pero siempre de manera parcial. ¿Es suficiente una sentencia hecha por un individuo sobre porqué se perdió la elección?
¿No se necesita un análisis mas integrado y menos soberbio?. Hay quiénes, por ejemplo, ponen énfasis en la seguridad pública como un drama que no supimos resolver y afirman de forma categórica que esa es la causa madre, otros firman también, de forma igualmente temeraria, que la derrota se debió a las políticas de ampliación de derechos sexuales, las políticas de diversidad, la “agenda de derechos”. Pero, ¿Son suficientes esas visiones amputadas del campo social para concluir cuál es el camino de retorno al gobierno? ¿Fue la opereta detrás del caso Sendic? ¿Fue Pluna? ¿Fue la integración del gabinete del último gobierno de Tabaré?.

Así podríamos seguir hasta el cansancio. Los individuos no nos vamos a despegar tan fácilmente de nuestros prejuicios y de nuestras porfiadas visiones, pero las organizaciones no deben y no pueden seguir los preceptos de
los individuos caprichosos a la hora de analizar la realidad y sobre todo no se puede perder el norte ideológico, no permitir que se filtren visiones reaccionarias y simplistas por mero cálculo. No olvidemos dónde y quiénes son Nuestros adversarios, no olvidemos que nuestro norte es la justicia social, el desarrollo de los de abajo, de los Comunes, de esa mayoría silenciosa. Quizá el retorno al gobierno está más cerca de eso y no siempre en hacer lo que la derecha y sus medios dice que hay que hacer para gobernar este país. Dala impresión de que nos vendieron una receta y los ingredientes siempre son puestos por otros, desde otra vereda.-

Por: Mauro Mego

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